Berlin en escena: la reinvención de la ciudad tras la caída del muro

Cuando el ángel que interpreta Bruno Gantz en El cielo sobre Berlin acompaña a un anciano por un solar desmesurado, el hombre intenta ubicarse en el espacio a través de sus recuerdos de juventud. Era la Postdamer Platz de Zweig, Roth, Kästner y tantos otros. La capital de Europa, de la modernidad en todos sus sentidos, la urbe total.  La escena de Wenders es una perfecta representación del Berlín devastado y dividido.

Pocos años después de que la escena fuera filmada, ya sin el muro cercenando la nada urbana, visité por primera vez Berlín. En medio de aquella inmensidad ilegible, encontré una vieja maquina de coser marca Opel en perfecto estado depositada cuidadosamente en el vacío. Aquella imagen extraña acentuaba las dimensiones del enorme hueco en que se había convertido aquello, un no-lugar genotípico por el que ni siquiera se pasaba.

Hoy, de vuelta a la ciudad, encuentro un opuesto casi simétrico de lo anterior. Solo queda un pequeño fragmento del muro lleno de chicles y con un tipo que vende recuerdos vestido de policía de la RDA. El vacío previo se ha ido rellenando de una fantástica arquitectura monumental, el edificio de Renzo Piano, Sony Platz, la nueva estación de S-bahn. Comercios, multinacionales y hoteles se alinean en los bajos de los nuevos edificios que conforman los volúmenes que la devuelven una cierta prestancia urbana. Incluso el suntuoso muñón del salón imperial del Hotel Esplanade, único vestigio de la Belle Epoque fue desplazado unos metros con un costosísimo sistema en un alarde de marketing y tecnología. Pero, ¿es edificio todo lo que se hiergue?

Si uno observa detenidamente o sale del metro en el lado opuesto al epicentro de la plaza se encuentra con que los escaparates que se vislumbran desde el resto de muro son planos, y que las fachadas que los albergan en realidad son enormes lienzos de nylon que se cosen en las esquinas a un andamio que es el que en realidad tiene forma de edificio. En el lado oeste de la plaza todo parece un gran escenario de una inmensa obra teatral. La reinvención de la ciudad a través de su reconstrucción es el resultado de una puesta en escena hasta cierto punto fallida. Continue reading

Estreno

Inicio esta andadura en la blogsfera, intentando urdir una pequeña  tela de araña, o de ganchillo, mas bien, con algunas referencias que me han empujado a adquirir lo que mis amigos que ya llevan viviendo ahí algún tiempo llaman identidad digital. No puedo seguir siendo blogless, es decir un sin-abrigo-digital o un cyber okupa. Esto último no me importa tanto. Lo seguiré siendo aunque tenga un cybershelter, o lo que es lo mismo un chamizo digital en el que postear lo que me permitan mis limitadas habilidades “con los ordenadores”, expresión que motiva chanza y despiporre entre mis amigos del “mas allá”.  El hilo principal del tejido es sin duda Ecosistema Urbano, con Belinda y José Luis a la cabeza, un laboratorio, taller, madriguera, herramienta, caja de sueños y de realidades, de compañeros y amigos, donde he tenido la suerte de encontrar algunas respuestas pero sobre todo muchísimas preguntas que responder formuladas desde la arquitectura, el urbanismo, la sociología, la política, la ecología y un sinfín de disciplinas con las que jamás soñé relacionarme, y que con ellos dejan de ser disciplinas para ser objetos sobre los que aprender para crear.

De ahí sale también mi cyber chamán por los vericuetos de la red, Domenico Di Sienna que me ayuda a que los puntos de luz que veo en las nuevas tecnologías se conformen en colores y formas y que sirvan para comunicar e intentar transformar la realidad en comunidad, reflexionando sobre la ciudad y sus habitantes. Con Jaime Eizaguirre, excelente dibujante y complice, he desarrollado un post grafico que ira creciendo despacito y con cariño. Con Francesco Cingolani han surgido complicidades y reflexiones sobre el trabajo y la ciudad a lo largo de eternos paseos en Madrid o en Montecanepino.

Otras gentes y blogs son inspiración continua y pasarán por estas paginas o yo por las suyas. Todos juntos vamos urdiendo un tejido que nos lleva a derivar, pasear sin apenas rumbo por los barrios, descubriendo, preguntando y a veces encontrando preguntas sin respuesta.

De todo ello surge este blog.

Un lugar llamado Sol

Foto: Proclamación de la II República en la Puerta del Sol de Madrid | Fuente:cabeceras.eldiariomontanes.es

Al desembocar en la Puerta del Sol el desafío y la juerga que habíamos ido acumulando desde Callao por Preciados se congeló por un momento. El Real Madrid acababa de ganar algo con forma de copa que se agitaba desde el balcón de la Casa de Correos. A sus pies y ocupando media plaza, había una muy nutrida representación de hichas del equipo que por algún motivo se volvieron todos a la vez cuando vieron irrumpir con desparpajo la poco abultada Marcha del Orgullo Gay. La convergencia de ambos grupos en aquel espacio público no fue acertada. Los hinchas del Madrid que allí se reunían increpaban a los hombres y mujeres que se besaban y agitaban sus aun exóticas banderas multicolores. Algunos, los mas intrépidos, empezaron a tirar cosas al grupito cada vez mas pequeño y compacto, mientras les irradiaban su abrumadora razón desde sus bracitos en alto, algunos con la ninguneada bandera a modo de galana capa anudada como babero dorsal. Era el año 1992 y la Puerta del Sol, era un espacio público donde acababan muchas manifestaciones, protestas, celebraciones, e incluso cañadas reales. Todas estas, que incluían unos de mayo, protestas estudiantiles, nocheviejas, y otros eventos, convertían a la Puerta de Sol en un lugar por un rato, lo que durara el acto, la manifestación o lo que tardará en llegar la gente que la seguía. La acción social que definía esa transición de espacio a lugar se articulaba sobre los parámetros de un mensaje específico, una celebración, un aniversario o simplemente un rito de paso ancestral devenido en ingesta compulsiva de uvas y cavas entre matasuegras. Apropiaciones puntuales, con fines diversos. Ese espacio público que es Sol ha sido mas un medio que un fin en si mismo.

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Quince metros no son nada. Un abismo

Imaginemos una playa en la Costa Blanca. Una playa que tuvo un pasado de esplendor con sus sistemas de dunas y rocas en los extremos. El sutil arco de la playa conoció tiempos mejores y hoy sujeta a una docena larga de edificios de entre 15 y 20 plantas encajados perpendicularmente. La temporada alta arranca y a principios de junio todavía se puede plantar la sombrilla sin trepanar un cráneo enrojecido o un pie cubierto de aftersun. En la playa sobre todo hay extranjeros. Entre ellos hay una infinita gama de matices y orígenes. Hay un público tradicional alemán, francés o italiano con algunos nativos infiltrados, pero mas bien pocos. También hay turistas del este de Europa, sobre todo rusos. Esto es lo que predomina en ese arco de la playa que jalonado por un paseo marítimo la separa de las construcciones y las tiendas y restaurantes.

El paseo, de alguna manera, es un no-lugar entre la contundencia de la playa y su arena ardiente. Es también la vaga promesa de una sombra y un aliento de refresco en los bares, terrazas y restaurantes de diversa naturaleza e intención. También hay algunos negocios, no por idénticos mas atractivos, donde se vende todo –absolutamente todo- lo que puede necesitar un mortal en el acto playero. Continue reading