ESPACIOS DE JUEGO EN BERLIN

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Espacio de juego inspirado en Robin Hood, en Knesebeck Strasse cerca de Savigny Platz, en Charlottenburg. Foto: A. Walliser

“La verdadera patria del hombre es la infancia”

R.M. Rilke

Pasear por cualquier barrio de Berlín implica encontrarse reiteradamente con espacios públicos dedicados a los niños y jóvenes por toda la ciudad. La variedad es enorme y su número tan alto que parece que la celebre cita de Rilke es tomada al pie de la letra como un elemento de definición de los espacios públicos de la capital alemana. En este post voy a contar de forma general como son los espacios de juego en Berlín y sobre todo que elementos de ellos me parece interesantes.

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Espacio de juego para niños pequeños y padres en Grimm Strasse, en Kreutzberg. Foto: Andrés Walliser

Los aproximadamente 1.850 espacios de juego que hay en Berlín están clasificados en varias categorías que persiguen dar servicio a los mas de 500.000 jóvenes y niños que viven en la ciudad.

La oferta de espacios de juego en la ciudad depende de las necesidades estipuladas por los Distritos a los departamentos de Desarrollo Urbano y Medioambiente. En 2013 había unas 200 hectáreas de espacios de juego operativos en Berlín. La normativa berlinesa prevé un ratio de 1m2 de espacio de juego por habitante, lo que para una ciudad de 3,4 millones resultaría en 340 Hectáreas. El Ayuntamiento recoge en su página que actualmente se cubre sólo el 60% de las necesidades.

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Berlin en escena: la reinvención de la ciudad tras la caída del muro

Cuando el ángel que interpreta Bruno Gantz en El cielo sobre Berlin acompaña a un anciano por un solar desmesurado, el hombre intenta ubicarse en el espacio a través de sus recuerdos de juventud. Era la Postdamer Platz de Zweig, Roth, Kästner y tantos otros. La capital de Europa, de la modernidad en todos sus sentidos, la urbe total.  La escena de Wenders es una perfecta representación del Berlín devastado y dividido.

Pocos años después de que la escena fuera filmada, ya sin el muro cercenando la nada urbana, visité por primera vez Berlín. En medio de aquella inmensidad ilegible, encontré una vieja maquina de coser marca Opel en perfecto estado depositada cuidadosamente en el vacío. Aquella imagen extraña acentuaba las dimensiones del enorme hueco en que se había convertido aquello, un no-lugar genotípico por el que ni siquiera se pasaba.

Hoy, de vuelta a la ciudad, encuentro un opuesto casi simétrico de lo anterior. Solo queda un pequeño fragmento del muro lleno de chicles y con un tipo que vende recuerdos vestido de policía de la RDA. El vacío previo se ha ido rellenando de una fantástica arquitectura monumental, el edificio de Renzo Piano, Sony Platz, la nueva estación de S-bahn. Comercios, multinacionales y hoteles se alinean en los bajos de los nuevos edificios que conforman los volúmenes que la devuelven una cierta prestancia urbana. Incluso el suntuoso muñón del salón imperial del Hotel Esplanade, único vestigio de la Belle Epoque fue desplazado unos metros con un costosísimo sistema en un alarde de marketing y tecnología. Pero, ¿es edificio todo lo que se hiergue?

Si uno observa detenidamente o sale del metro en el lado opuesto al epicentro de la plaza se encuentra con que los escaparates que se vislumbran desde el resto de muro son planos, y que las fachadas que los albergan en realidad son enormes lienzos de nylon que se cosen en las esquinas a un andamio que es el que en realidad tiene forma de edificio. En el lado oeste de la plaza todo parece un gran escenario de una inmensa obra teatral. La reinvención de la ciudad a través de su reconstrucción es el resultado de una puesta en escena hasta cierto punto fallida. Continue reading